Imagen de Francisco Moreno Fernández

Julián Castro, ¿primer presidente hispano?

Se observa que el nombramiento de Julián Castro como secretario de Vivienda en el gobierno de los Estados Unidos ha sido muy bien recibido por la sociedad estadounidense, pero especialmente por la comunidad hispana. Castro, hasta ahora alcalde de San Antonio, Texas, es hermano gemelo de Joaquín Castro, dedicado también a la política, hijo de Rosie Castro, activista del movimiento mexicano-estadounidense en Texas, y nieto de Victoria Castro, inmigrante mexicana, huérfana y sin estudios, que llegó a los Estados Unidos como criada y cuidadora de niños y que aprendió sola a escribir en español y en inglés. No es que sea necesario desplegar un completo pedigrí para reconocer a alguien como un buen político hispano, pero sí conviene tener todo ello en cuenta para entender por qué Julián Castro no habla español con fluidez.

Existen hechos biográficos que explican sobradamente el cuasi monolingüismo en inglés de Castro. Se trata de un hispano de tercera generación –dato singularmente revelador–, escolarizado en inglés desde su infancia, con estudios universitarios en las universidades de Stanford y Harvard, donde el inglés es la única lengua vehicular. Además, su fulgurante éxito político, si bien se ha fraguado en el estado de Texas, donde el 30% de la población sabe hablar español, obedece, en buena medida, a sus capacidades oratorias en inglés, elogiadas por el propio presidente Obama e imprescindibles para la brega política en el plano nacional. Y es que resulta muy complicado encontrar a personas, de cualquier profesión, que desplieguen destrezas oratorias con total brillantez en dos idiomas. Conste que estos son hechos de una biografía lingüística, no justificaciones, que resultan, por otra parte, innecesarias.

El observador ha de valorar que, en los Estados Unidos, la vida política nacional de alto nivel se despliega en lengua inglesa. Por eso resulta más significativo que un político de origen latino haya conseguido acceder a ella, apoyándose precisamente en sus raíces, con buena disposición a hablar y aprender la lengua española, con una actitud favorable hacia ella y hacia la cultura hispana, aunque solo fuera como reconocimiento a los esfuerzos de su abuela mexicana, que permitieron a los hermanos Castro vivir el sueño americano. No sabemos si Julián Castro acabará siendo el primer hispano en alcanzar la Casa Blanca, pero es seguro que para lograrlo se afanará en mejorar su dominio del español. Así los esperarían los millones de votantes que consideran que la lengua española sigue siendo, después de tres generaciones, tan útil como socialmente relevante.

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