Imagen de Francisco Moreno Fernández

Debates en campaña

Se observa que la lengua española va ampliando su espacio en las campañas electorales de los Estados Unidos. Las elecciones de senadores, gobernadores y otros cargos el 4 noviembre de 2014 ofrecieron numerosas muestras de ello, sin ser las que mayor atención hispana habían suscitado. En el estado de Massachusetts, el candidato republicano, Charlie Baker, consiguió acceder al cargo de gobernador en gran parte gracias al voto latino, que supo atraer mediante dos movimientos tácticos: atemperar su discurso en relación con las leyes migratorias, para no ser percibido como una amenaza, y aumentar la proporción de anuncios televisivos en español. En el estado de Colorado, la presencia de esta lengua fue más allá, ya que, por primera vez en su historia electoral, se celebró y transmitió en directo, por Univisión, un debate entre candidatos íntegramente en español. Pero lo más significativo es que ninguno de los contendientes, ni el republicano Mike Coffman ni el demócrata Andrew Romanoff, dominan el español como lengua nativa.

No es el debate de Colorado el primero que se realiza en español, si bien son escasas las experiencias previas. Pero llama la atención que se celebrara sin subtítulos ni traductor alguno, aunque se contara con la presencia de un intérprete de guardia, por si la situación lo requería, cosa que no sucedió. Como es habitual, las preguntas eran conocidas de antemano por los aspirantes y, por lo tanto, tuvieron tiempo de preparar las respuestas. Las diferencias en el dominio de la lengua por parte de los rivales políticos se hicieron evidentes: el demócrata, descendiente de rusos y polacos, habló con un acento anglo reconocible, pero con fluidez suficiente para mantener un diálogo en debate; el republicano leyó unas notas con las respuestas preparadas, sin abandonar la lectura en ningún momento (así lo pareció). De hecho, Coffman había recibido clases de español intensivamente durante un año, con un resultado que exhibía todas las dificultades articulatorias que suelen abrumar a cualquier neohablante. Aparentemente, la balanza dialéctica se había inclinado hacia el hablante más experto, el demócrata, pero la elección la ganó el republicano.

El observador considera muy significativo que un candidato político haya decidido aprender español en un año para poder competir mejor por el voto hispano, dado que, entre sus antecedentes, estaba el de haberse negado, en el ejercicio de su cargo, a imprimir boletas bilingües para una votación, exhortando a consultar el diccionario a los hispanos que no supieran inglés. Para paliar las posibles consecuencias electorales de tal decisión, Coffman resolvió usar el español en la campaña de 2014 y mostrar su actitud favorable a que el español se utilice cuando sea estrictamente necesario. -“Por eso estoy hablando con ustedes en español” – dijo en el debate. Y añadió: -“O tratando de hablar con ustedes en español”. También justificó el uso del español “solo para los que necesitan”, aunque no sabemos si se estaba refiriendo a los hispanos o a sí mismo. Sí sabemos que los hablantes de una lengua, de cualquier lengua, siempre valoran positivamente que alguien se esfuerce por comunicarse en ella, por mal que lo haga. De todo ello se deduce, por un lado, el peso creciente de la lengua española como instrumento político en los Estados Unidos y, por otro, como se decía en The Boston Globe tras las elecciones, que, en el futuro, cualquier candidato necesitará ser más que simplemente demócrata para ganarse el apoyo de los latinos.

 

Puede ver el debate íntegro en español aquí.

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