Santayana en Harvard

*El Observatorio del Instituto Cervantes en la Universidad de Harvard organizó el 13 de abril de 2017 «Conversaciones en el Observatorio. Santayana: The Life of Reason», una mesa redonda en torno a la figura del poeta y filósofo nacido en España y profesor de la Universidad de Harvard durante veinte años. Antonio Barbagallo, profesor del Departamento de Lenguas, Culturas y Literaturas de Stonehill College (Massachusetts), resume en el siguiente texto el contenido de ese encuentro. El texto está publicado en la revista Limbo.

 

 

Antonio Barbagallo. «Santayana en Harvard».

Limbo

Núm. 37, 2017, pp. 147-151.

 

El «Observatorio de la Lengua» del Instituto Cervantes de Boston, desde hace unos cuatro años, es un hervidero de actividades culturales de varios tipos para la comunidad hispanohablante, y para los amantes y estudiosos de la lengua y cultura españolas e hispanoamericanas. Esto se debe principalmente a la experiencia y al dinamismo de su director, el catedrático Francisco Moreno Fernández, y a la profesionalidad de su equipo.

El 13 de abril de este año 2017, en dicho Observatorio, se celebró una mesa redonda que considero una de las tres mejores, entre varias docenas, en los últimos dos años. Se trata del encuentro titulado «Santayana: The Life of Reason», que se desarrolló en el marco mas idóneo, ya que el Instituto Cervantes se encuentra ubicado y forma parte de la Universidad de Harvard, a su vez ubicada en la ciudad de Cambridge, lindante con la de Boston. Fue aquí, en esta prestigiosa universidad, donde Jorge Santayana dedicó veinte años de su vida a la docencia, por lo tanto, este distinguido filósofo español «volvió» a su casa para ser honrado. Mi participación a las actividades del «Cervantes», como oyente, es bastante regular, es decir frecuente, sin embargo, en esta ocasión, fue este «raro» apellido, Santayana, el que me llamo la atención al recibir el anuncio de la celebración del encuentro. Por cierto, el anuncio llevaba una fotocopia de la portada del número XXVII de la prestigiosa revista norteamericana Time, con fecha 1936, donde figura un retrato de Santayana. Claro indicio, este, de que el madrileño convertido en bostoniano por las cosas del destino, era ya una de las figuras mas destacadas del mundo intelectual estadounidense.

Sentí vergüenza de mí mismo, al darme cuenta de que no sabía casi nada o muy poco de este hombre que aquí, en Boston, conocían como «George», a pesar de haber nacido «Jorge». Por alguna extraña razón me acordaba de su nombre —a pesar de haberlo oído mencionar casi cincuenta años antes— y del hecho de que había sido un gran pensador, contemporáneo de la Generación del 98, definido por mi maestra como el «Unamuno a este lado del Atlántico». Pensándolo bien, no extraña que me acordara de su nombre, lo había mencionado mi añorada maestra Concha Zardoya en la Universidad de Massachusetts entre los años 70 y 72.

Los atascos y embotellamientos bostonianos me llevaron a mi asiento con un cuarto de hora de retraso, y, avergonzado de tener que entrar de puntillas y a hurtadillas, me acomodé en el momento del comienzo de la primera comunicación. De acuerdo con el programa, el director del «Cervantes» y el profesor Sean Kelly, del Departamento de filosofía de Harvard, acababan de hacer una breve presentación del encuentro y de sus ponentes.

El profesor Daniel Moreno (IES Miguel Servet, Zaragoza), llegado de España para honrar la figura de Jorge Santayana y para deleitar el intelecto de cuantos estábamos presentes, agradeció al Observatorio del Cervantes y a la Universidad de Harvard la organización de este importante evento, y prosiguió diciendo que «Santayana vuelve a casa con la obra que escribió siendo profesor aquí». Efectivamente, Santayana vuelve por medio de «una estupenda edición crítica» de su «magnum opus», The Life of Reason. El profesor Moreno no dejó de recordar con emoción y agradecimiento a Charles Padrón, traductor de su libro sobre Santayana, y se embarcó en una clara y concisa presentación de lo que fueron la vida y obra de Santayana. De particular interés resultaron las reflexiones del profesor Moreno sobre su primera visita a Harvard, que fue «de mano de la imaginación, mientras leía» los libros de Santayana, en particular «su única novela, El último puritano», cuyo protagonista, Oliver Alden, es un alumno del mismo Santayana en Harvard.

Moreno añade que en la Harvard Gazette de 2 de marzo de 2010, Santayana es reconocido como «the great Harvard philosopher» (el gran filósofo de Harvard), y que John J. Stuhr lo incluye en su li­bro junto a Peirce, James y Royce como «a classical American phi­losopher» (un clásico filósofo americano). Confieso que mi interés y curiosidad por la vida y la obra de Santayana son fruto de este en­cuentro bostoniano, por tanto, ya llegados a julio y sin tiempo para haber leído «algo», me encuentro desprovisto de conocimientos y de armas intelectuales para poder hacer un análisis profundo de lo que fue este interesante encuentro o pequeño congreso. Pero, de las palabras del profesor Moreno surgieron algunos recuerdos míos que al final de la «mesa redonda» dieron origen a unas preguntas y comentarios entre los miembros del panel y el auditorio, en parti­cular el que esto escribe. Cito textualmente unas frases del profesor Moreno, que luego me llevaron a hacer un simple, poco filosófico y casi pueril comentario: «Sin embargo, Santayana no estaba muy cómodo aquí, él era quizá demasiado europeo, demasiado desasido. De hecho, renunció a su puesto de profesor a la edad platónica de la sabiduría, los 50 años».

Al oír estas palabras, me acordé, de repente, de mi maestra, la gran pequeña mujer, Concha Zardoya, que, en la Universidad de Massachusetts, también ubicada en Boston, había mencionado a Jorge Santayana, comparándolo, de alguna manera, con Unamuno. Fue una breve mención, ya que Zardoya impartía cursos sobre la obra de Cervantes, la Generación del 98, la Generación del 27, y no asignaturas de filosofía. Sin embargo, mi curiosidad estimulada me indujo a leer algún artículo, posiblemente publicado en el periódi­co universitario, donde Santayana se quejaba de que los estudiantes de Harvard «no leían». De ahí la conexión (en mi mente) con el hecho de que nuestro filósofo «no estaba muy cómodo aquí». Vol­veré a este asunto más adelante.

La ponencia de Daniel Moreno, de corte biográfico y contextual (filosófico), dio paso a la del profesor Martin A. Coleman (The San­tayana Edition, IUPUI), quien se centró en los cinco libros que cons­tituyen The Life of Reason, publicados entre 1905 y 1906, y que a su autor le ganaron la promoción a catedrático de filosofía en 1907 en la Universidad de Harvard. No es este el lugar para hacer un análisis crítico de lo que expuso Coleman, ni yo soy el más idóneo para ha­cerlo, pero deseo resumir, en pocas líneas y en traducción propia, lo esencial de lo que este especialista cree que es el pensamiento de Santayana. «Su filosofía —dice Coleman— es un naturalismo que reco­noce el poder del universo material y la legitimidad de los valores hu­manos sin recurrir a la superstición», y añade que «su pensamiento reconoce la herencia intelectual de culturas diferentes sin promover la supremacía de una en particular... Su filosofía está abierta a la va­riedad de la experiencia humana y respeta el carácter marcado del individuo concreto de un tiempo y lugar específicos».

En su ponencia el profesor Coleman cita pasajes del libro de Da­niel Moreno, Santayana the Philosopher (2015), concluyendo los dos que «la filosofía de Santayana [nos] protege de los espejismos en­gañosos». Las palabras de Coleman y de Moreno anhelan y a la vez auspician un renovado interés por la filosofía de Santayana, una filo­sofía que consideran práctica y beneficiosa para la humanidad.

El último ponente fue John Lachs (Centennial Professor, Vanderbilt University) un avispado señor y gran filósofo que, de repente, decidió no leer su ponencia y optó por una charla breve, pero ame­na e interesante. Debo confesar que he podido leer las ponencias de los profesores Moreno y Coleman, sin embargo, no he tenido ac­ceso a la supuesta ponencia escrita de Lachs. Por lo tanto, lo poco que puedo escribir sobre la charla de este simpático profesor se ba­sa sobre unos breves apuntes que tomé en unos papelitos. El profe­sor Lachs habló de «escepticismo», y, por su forma de presentar las ideas, con elipsis y retruécanos, a veces se borraban las fronteras en­tre lo que era pensamiento de Santayana y lo que podía ser su propio pensamiento. «Todo es dudoso» sentenciaba Lachs. «La presen­cia inmediata de esencia de consciencia es la única cosa cierta. Uno debe creer solo lo que uno experimenta (siente)». Continuó dicien­do que Santayana es un materialista, pero no le negaba «espiritua­lidad ». De forma un tanto «agramatical», pero necesariamente agramatical, el veterano profesor nos dijo que «la espiritualidad es cuando lo definitivo (lo último) se vuelve inmediato» («spirituality is when ultimate becomes immediate»). Estas son sus palabras, y creo que mi traducción es acertada, aunque esto de «la espiritualidad es cuando...» nos choca en español como en inglés. Llego a la conclu­sión de que para expresar conceptos de este tipo a veces hay que for­zosamente romper las reglas gramaticales.

El tiempo, lo que por boca de Juan de Mairena, Antonio Macha­do llamó «invención de Satanás», no nos permitió ahondar en lo que querían decir estas enigmáticas palabras, pero me permití co­mentar sobre aquello que había dicho el profesor Moreno referente al hecho de que Santayana «no se sentía cómodo aquí». Se me ocu­rrió decir que había leído en algún lado que el filósofo madrileño se quejaba de que los estudiantes de Harvard no leían. Mi conjetura era que quizás esta fuera la razón o una de las razones por la cual no se sentía cómodo aquí. Un intelectual de su estatura se sentiría frus­trado en un ambiente donde los estudiantes no leen. Como docen­tes con la misma experiencia que Santayana, nos tomamos la anéc­dota con humor y con una risa, pero el veterano Lachs nos aseguró que el filósofo tuvo, entre los «vagos», a muchos buenos estudian­tes, algunos de los cuales se convirtieron en buenos amigos. El pro­fesor Moreno añadió que Santayana no fue a Oxford en busca de mejores estudiantes, ya que en la ciudad inglesa no impartió clases.

El encuentro, interesante, ameno y de gran calidad académica e intelectual, terminó en otra sala con intercambios personales, acom­pañados de unos canapés y de un buen vino español.

Comparta su opinión con nosotros

< ...IR DIRECTO A... >