Imagen de Francisco Moreno Fernández

Las otras

Las elecciones presidenciales del 8 de noviembre acapararon, con motivos más que suficientes, toda la atención pública estadounidense. Efectivamente, el enfrentamiento entre las candidaturas de un multimillonario de mensaje populista y de una potencial primera presidenta aportaba ingredientes irresistibles para la opinión pública, con un trasfondo de dudas sobre el comportamiento electoral de la población hispana. Sin embargo, la jornada electoral ponía en juego “otras” decisiones en cada uno de los estados de la gran Unión. Entre ellas, la aprobación en California de la proposición 58 sobre enseñanza de la lengua inglesa, proposición impulsada por el senador Ricardo Lara y finalmente aprobada por un 72,44% de los votantes. La finalidad de la ley sometida a votación, aun titulándose de la enseñanza del inglés, es permitir el uso de otras lenguas en la educación pública. Pero, ¿por qué una ley referida expresamente al inglés merece atención desde la perspectiva de la lengua española y de la comunidad hispana? La respuesta merece unos mínimos antecedentes.

El año 1998 pasó a la historia de la política lingüística estadounidense por ser la fecha en que se aprobó la proposición 227, también del estado de California, sobre el inglés en las escuelas públicas, que suponía de hecho la implantación de una política de English-only; esto es, de uso exclusivo del inglés como lengua de instrucción, con la consiguiente lapidación de la enseñanza bilingüe. La proposición 227, que en su momento ya no fue del gusto del 38% de los votantes, ha estado en vigor durante casi dos décadas, aunque gracias al joven senador Lara habrá de pasar a mejor vida. En efecto, la proposición 58 viene a rechazar la enseñanza mediante inmersión forzosa en inglés y permite a las escuelas públicas la implementación de programas adaptados a las necesidades de los estudiantes, incluida la enseñanza bilingüe. Esto supone abrir la puerta a que parte de la educación se reciba en otra lengua y a que los padres y comunidades colaboren en el diseño de la enseñanza que desean para las nuevas generaciones. Como puede fácilmente deducirse, cualquier acción que flexibilice la presencia de lenguas que no sean el inglés repercute de una forma importante sobre el protagonismo educativo del español, sin perder el objetivo de que el inglés se adquiera y aprenda a un nivel avanzado.

Las razones que han conducido a la población californiana hacia el horizonte de la proposición 58 son seguramente diversas, pero es imposible soslayar la sensación de desperdicio que implicaba la proposición 227, por el enorme capital cultural, social e individual que supone el acceso al dominio de dos lenguas, lo que incluye no solo el mantenimiento del español por parte de los hispanos, sino la adquisición de esta lengua por parte de los anglohablantes de origen. Las ventajas cognitivas del bilingüismo han sido mostradas y demostradas en numerosas investigaciones, como las de Ellen Bialystok. Las ventajas socioeconómicas están comenzando a demostrarse también, no mediante la comparación conjunta de los salarios interprofesionales, sino analizando longitudinalmente el desarrollo educativo y profesional de los bilingües hasta la vida adulta, como ha hecho Ruben Rumbaut, o distinguiendo los sectores profesionales en los que ser bilingüe es realmente un hecho diferencial, como ha hecho Amado Alarcón. Los “english-onlistas” no acaban de ver esta obstinada realidad, pero sí los maestros, padres y autoridades que desde hace tiempo vienen impulsando los programas de inmersión dual, que son miles en todos los Estados Unidos, o los sellos de capacidad bilingüe que en poco tiempo ofrecerán la mitad de los estados, desde Washington a Nueva York y desde Hawái a Carolina del Norte. Eso sí, todo en nombre de la enseñanza de la lengua inglesa, sin que “las otras” merezcan mención por su nombre.

Usuario no logado
14/11/2016 - 19:04 Marta G. Suárez España

Me alegro profundamente de que esta iniciativa se hubiese aprobado. Yo soy de una zona bilingüe de España y siempre he visto ventajas en este hecho, para aprender otras lenguas, para ver las similitudes, el origen de las palabras, etc. En fin, una riqueza infinita por haber tenido la suerte de nacer donde nací y aprender ambos idiomas de forma materna. Así que, a pesar de los opositores, que siempre los habrá, las futuras generaciones agradecerán por siempre esta medida, que solo reporta beneficios.

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